Novelistas españolas del S. XX
domingo, 14 de abril de 2013
Veo que tenemos mucha visita de España.... como ven, nuestra clase terminó hace ya 2 años, pero me encantaría saber si nuestro blog les sirve de algo; si pudieran dejar algún comentario de vez en cuando se lo agradecería (claro, no sólo de los visitantes de España, también los demás). El año que viene voy a dar un curso de geografía cultural de España y estoy tratando de decidir si vamos a poner otro blog ... ¿qué les parece?
Dr. B-G
martes, 14 de diciembre de 2010
Autoevaluaciones
domingo, 12 de diciembre de 2010
Una lista de palbras...
http://www.youtube.com/watch?v=apktSiW8kiISaludos de su profesora ;-)
miércoles, 8 de diciembre de 2010
El lunes y el viernes...
jueves, 2 de diciembre de 2010
Todos los párrafos
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Para el examen final...
Para el examen final me gustaría que considerasen lo siguiente:
Primero: les pongo una lista de contrastes que deben considerar para todos los libros; deben saber hablar de ellos y tener algunas citas de los libros para respaldar sus opiniones – piensen especialmente en cómo las autoras usan las descripciones para indicarnos algo acerca de estos temas.
- La ciudad y el campo
- Lo conocido y lo desconocido
- Los que aman y son amados
- Los que odian y son odiados
- Los que “usan” y los que son usados
- Los que se niegan a “usar” y los que se niegan a ser usados
- Los móviles de los arriba mencionados
Segundo: les pongo el primer párrafo y el último de todos los libros que hemos tratado en el curso. Piensen en qué nos dicen estos párrafos ahora que hemos leído los libros; en por qué, quizás las autoras hayan empezado y terminado así sus libros…
Tercero: (y para esto sí tienen que escribir algo y traer copias para todos de la clase; pudieran publicarlo también en sus blogs) hagan una lista de las 15 palabras más interesantes para ustedes que aprendieron de estos libros, y claro, pongan las definiciones también. Esta lista es muy personal; pueden escoger una palabra de cada libro o varias palabras de un libro y otro; o palabras que hayan visto repetidas en varios libros … todo eso depende de usted, pero además de saber definir las palabras deben explicarnos también por qué escogieron esas palabras específicas.
Cuarto: esto me lo deben mandar por correo electrónico, explicado con detalles específicos, espero unas 4-5 páginas – qué ha aprendido en este curso, de estos libros, de escribir los resúmenes o evaluarlos, de escribir comentarios de texto; entonces, basado en eso, dénse una nota [acuérdense, C = normal y corriente, o sea se ha hecho todo lo que se ha pedido hacer de una manera “normal y corriente,” no super-bien, nada excepcional: se ha venido a todas las clases, se ha leído todos los libros, se ha dicho algo en clase, se ha escuchado a la profesora y a los compañeros escrito lo requerido a nivel de 400/500, pero nada impresionante; todas las demás notas son desviaciones de ese “normal” o hacia mejor o peor); por favor, no tomen en cuenta las notas que yo u otros ya han puesto en sus trabajos – les toca a ustedes ser honestos consigo mismos;… no se preocupen y no traten de hacer juegos o experimentos sicológicos , yo tengo ya mi idea de su nota y la nota que usted se da aquí realmente no va a influir en eso. Por favor, mencionen también cualquier idea que tengan para mejorar la clase. Tienen hasta viernes el 17 para entregarme esto.
En la clase (13.XII.) hablaremos un poco de las cosas que aprendieron…
Abajo siguen los párrafos de los primeros 9 libros; el resto sigue mañana o pasado…
La esfinge maragata (Concha Espina, 1914 [Castalia, 1989])
Vibra el soplo estridente de la máquina que desaloja vapor; cruje, con recio choque, una portezuela; algunos pasos vigorosos repercuten en el andén; silba un pito; tañe una campana, y el movimiento trajina, resuena y huye, dejando la pequeña estación muda y sola, con el ojo de su farol vigilante encendido en la torva oscuridad de la noche. (Pág. 49)
No dijo más. Volvióse hacia el carasol para abrir las vidrieras, tomó el centeno enn su delantal y todo el bando de palomas acudió a saciarse en el regazo amigo, envolviendo la gentil figura con un manso rumos de vuelos y arrullos. La luz del sol, más fuerte al crecer la mañana, rasgó las brumas y fingió una sonrisa en el duro semblante de la estepa… (Pág. 397)
La trampa del arenal (Margarita Nelken. 1923 [Castalia, 2000])
La cena transcurría alternativamente entre ese silencio que se siente lleno de pensamientos violentamente refrenados, y esas frases que se sienten dichas tan sólo para llenar huecos, para no dejar traslucir ninguno de los pensamientos que se tienen a flor de labio. Visiblemente, las personas reunidas en torno a esa mesa tenían la imaginación absorbida por ideas muy distintas de aquellas con que intentaban disimularse unas a otras la preocupación común. (Pág. 79)
Echó [Luis] una última mirada a la terraza, en donde ya no había que aparecer Libertad, y, sacudiendo con su movimiento de hombros todas sus ilusiones pasadas, entró en su casa y se sentó frente a su mujer. (Pág. 214)
Por dificultades en el último momento para adquirir billetes, llegué a Barcelona a medianoche y no me esperaba nadie. (Pág. 13)
El aire de la mañana estimulaba. El suelo aparecía mojado con el rocío de la noche. Antes de entrar en el auto alcé los ojos hacia la casa donde había vivido un año. Los primeros rayos del sol chocaban contra sus ventanas. Unos momentos después, la calle de Aribau y Barcelona entera quedaban detrás de mí. (Págs. 275-76)
Cinco sombras (Eulalia Galvarriato. 1946 [Destino, 1967])
Permítanme.
La llave ha girado en la cerradura y la puerta sobre sus goznes. De la habitación en sombra sale un tenue olor a humedad, a cortinajes de seda, a viejas maderas. (Pág. 7)
Ahí está, solo en su rincón, entre las cinco butacas que lo cercan, con sus cinco almohadillas de seda gastada, callado y solo, el viejo costurero de los cinco lados, quién sabe si triste o indiferente (Pág. 243)
Viento del norte (Elena Quiroga. 1950 [Destino, 1983])
Ladraban los perros. Primero fue el mastín, bronca y pausado, quien lanzó el alerta. Después, fueron uniéndose a su desgarrado ulular los cortos y rabiosos chillidos de los perros de caza. ¡Condenados! Algún pobre que llamaba a la puerta, o quizás otro perro que pasaba por la corredoira, al otro lado de la tapia. El año anterior ladraron lo mismo cuando ventearon la vaca muerta; desde entonces colgárosles a todas el unicornio contra los maleficios de aojo. Y ahora, ¿qué sucedía? (Pág. 9)
Vio la blanca cabeza caída sobre el pecho, y la mano izquierda colgando cerca de la mesita, volcada sobre el fuego. Debió empujarla en el último estertor.
Abatido el laurel.
Marcela gritó. (Pág. 278)
A instancia de parte (Mercedes Fórmica. 1954 [Castalia, 1991])
Julián se volvió. Le hablaba un hombre de mediana estatura, visiblemente derrotado
-- ¿Me recuerdas? – insistió el otro con expresión anhelante
-- ¡Claro que te recuerdo! ¡Naturalmente chico! Pero acabo de volver del extranjero y así, a primera vista. Tú eres…--se detuvo...
El desconocido vino a su ayuda
-- Chano, Chano Maldonado.
-- Eso, Chano Maldonado. – Julián sonrió. (Pág. 63)
Volvió [Esperanza, la mujer de Chano] la cabeza.
Las campanas de la parroquia volteaban
-- Cuando llegue el momento, ¿qué será de mí?
Entrevió la calle de sus amores, el techo de la casa que cobijó sus citas.
Aquellas horas felices, encadenaron estas hieles.
Sintió un escalofrío y se cubrió con el abrigo de Aurelia, su perfume la envolvió. (Pág. 230)
Entre visillos (Carmen Martín Gaite. 1957 [Destino, 2001])
Ayer vino Gertru. No la veía desde antes del verano. Salimos a dar un paseo. Me dijo que no creyera que porque ahora está tan contenta ya no se acuerda de mí; que estaba deseando poder tener un día para contarme cosas. Fuimos por la chopera del río paralela a la carretera de Madrid. Yo me acordaba del verano pasado, cuando veníamos a buscar bichos para la colección con nuestros frasquitos de boca ancha llenos de serrín empapado de gasolina. Dice que ella este curso por fin no se matricula, porque a Ángel no le gusta el ambiente del Instituto. Yo le pregunté que por qué, y es que ella por lo cisto le ha contado lo de Fonsi, aquella chica de quinto que tuvo un hijo el año pasado. En nuestras casas no lo habíamos dicho; no sé por qué se lo ha tenido que contar a él. Me enseñó una polvera que le a regalado, pequeñita, de oro. (Pág. 11)
-- Vuelve usted después de las vacaciones, ¿verdad?...A ver si no vuelve – dijo casi gritando.
No le contesté ni que sí ni que no. Seguí diciéndole adiós con la mano, hasta que la vi pararse en el límite del andén, sin dejar de mirarme. Se le caían las lagrimas.
-- Adiós, adiós…
Habíamos salido afuera. Sonaban los hierros del tren sobre las vías cruzadas. Con la niebla, no se distinguía la Catedral. (Pág. 225)
Los hijos muertos (Ana María Matute, 1958 [Destino, 2004])
En Hegroz, a últimos de enero de 1948, el guardabosques de los Corvo se mató sin querer, cuando la batida contra los lobos. Decían que el arma que usó era vieja y mala, y le estalló en la cara, dejándosela como una esponja. Como era hombre sin parientes ni amigos, únicamente fueron a enterrarle el viejo Gerardo Corvo y los chavales de la escuela, porque les obligó el cura. Los chicos se hartaron de tirar piedras a la caja, mezcladas en los puñados de tierra de rigor, porque les encantaba el ruido al chocar contra la madera de la tapa. Claro que a él, el guardabosques, le daba igual cualquier cosa, buena o mala que fuese. Sólo Gerardo, la mirada opaca, el cuello torcido, en sus raídas galas de los días solemnes, le envidiaba su suerte, entre las cruces mohosas y la tierra grasa, aglutinada, del cementerio. (Pág. 11)
Miró hacia la ventana. “Tal vez suba Herrera, luego.” Pero en seguida pensó : “No. No subirá nunca más. No tenemos ya nada que hablar, Herrera y yo. Nada que hablar.” No subirá nunca. No hablarían nunca. Nunca más. “Quizás – se dijo Daniel Corvo—me compre un perro. Sí: es posible que me compre un perro.”
Levantó la cabeza: aquella gota de lluvia caía y caía en alguna parte, arrancando un raro sonido de metal. (Pág. 501)
--… en fin, llegamos ahora a Leipzig…1919…La Leipziger Lehrerverein presenta al Consejo Municipal el proyecto para el ensayo de la Arbeitsschule, si bien hasta 1921 no se lleva a cabo el experimento. Sucesivamente empiezan a funcionar en Berlín, Dresde, NeukUoln, Bremen y Hamburg…Estas dos últimas, las Lebensgemeinsschaftsschulen… ¡No, no, por favor!... No tomen notas… No es necesario. Al terminar la conferencia se les facilitarán en Conserjería unos impresos para que puedan seguir, sin esfuerzo, el trabajo que vamos a desarrollar en días sucesivos. (Pág. 9)
Irene Gal tarda unos momentos en comprender. Tarda unos momentos en reaccionar. Al fin, acaricia la cabeza de Bibiana…
…y sonríe.
--Bien, Carita…¡Los remos!... Otra vez los remos… El Gran Barquero no me permite soltarlos.
Ahora es Carita de Mona quien no comprende.
--¿Qué remos? ¿Es un cuento?
Irene dice:
-- Un cuento.
Y después de una pausa:
-- Se hace tarde. ¿Vamos Carita?... Así, despacio, para no cansarte…Despacio… Despacio… Yo también estoy cansada. (Págs. 235-36)
Las hogueras (Concha Alós, 1964. [Planeta, 1969])
Aquella Noche Sibila había soñado que volvía a ser modelo. En sueños cruzó de Nuevo la pasarela elevada, en forma de Puente, a ras de las caras que la contemplaban. Y la gente, sobre todo un señor desconocido que sostenía en la mano un monóculo y enseñaba un diente de oro, la aplaudía. (Pág. 9)
Las hogueras. Archibald pensó que a menudo los breves y desesperados vuelos hacia la felicidad son domo una hoguera que arrasa y nos hunde en la desesperanza, en la soledad. En la imposibilidad de esperar nada aparte de la diaria y baja rutina… (Pág. 277)
La gangrena (Mercedes Salisachs, 1975 [Planeta, 1978])
No voy a defenderme: soy culpable. He arrastrado mi culpa desde la infancia. Tal vez por eso, mucho antes de que ocurriera el siniestro yo intuía ya que, algún día, iba a encontrarme en la encrucijada actual. (Pág. 7)
Lentamente fuimos enfilando Ramblas abajo, camino de mi casa.
Junto a la Plaza de Cataluña los vendedores de periódicos aireaban sus mercancías anunciando don voces ininteligibles y aullantes los acontecimientos del día.
Y yo acababa de pedir la cabeza del Bautista. (Pág. 535)
Barrio de Maravillas
(Rosa Chacel, 1976 [Seix Barr
al, 1976])
El timbre sonó de un modo particular. Sonaba de un modo particular todas las tardes, pero aquél día se hizo notar más su particularidad. El timbre delataba su titubeo, la duda de quien lo oprimía temiendo que no respondiese la persona llamada, y aquella vez no respondió. Sonó como siempre; primero una vibración apenas audible y luego ya un breve timbrazo sin remedio: ya está, ya sonó, ahora a esperar. No abrió la puerta Elena. Antes de abrirse la puerta fueron acercándose pasos que no eran de ella, pero ya no era posible retroceder: se abrió la puerta. (Pág. 7)
No llegaron a saberlo, por más que pensaron mientras fue cayendo la tarde. Pasaron mucho tiempo en silencio, pero no bastante tiempo, no bastantes años, no los suficientes para saber algo. Cuando ya no se veía más que la estatua con su actitud violenta, con su mano en alto, como el que quiere arrancarse los pelos, se volvieron a casa. (Pág. 282)Azul (Rosa Regás, 1994 [Destino, 1994])
La isla no tenía ningún atractivo especial como no fuera la gran mole de piedra roja que acumulaba el sol desde el amanecer. Por el este se abatía en picado sobre el puerto y por el oeste descendía menos abruptamente hasta formar un valle pedregoso y árido. Desde lejos se destacaba altiva como una vigía, como un faro natural amparando las breves laderas cubiertas de matorral reseco y espinoso. (Pág. 11)
Aquella era una isla embrujada, habría de pensar Martín muchas veces antes de que todo cuanto había ocurrido en ella fuera forzado al olvido. Se lo decía a sí mismo, porque nadie volvió a hablar de ese viaje ni de lo que vieron, descubrieron o desvelaron. Ni siquiera cuando años después Martín rodó en la isla ya invadida por el turismo una nueva película, con guión propio esta vez, basada en su versión de la historia, la cuarta que producía Leonardus desde entonces y la séptima en el conjunto de su obra ya consagrada. Quizás Andrea y él mismo quisieron convencerse de que aquellos días no habían sido más que un descalabro, una distorsión, el crecimiento incontrolado de unas células que habían enloquecido sin motivo ni fin aparente cuya memoria se había desvanecido ya como se escurren los ecos entre los montes para deshacerse en la nada, porque sólo así les sería dado seguir unidos hasta el fin, perdidas sus voces en el marasmo de dolor del mundo. (Pág. 237)
Mujer de aire (Enriqueta Antolín. 1997 [Alfaguara, 1997])
Lo primero que hice, recién salida del quirófano, fue preguntar por las palomas. ¿Dónde están las palomas?, me preocupé, arrojada de golpe a la infancia por culpa de un olorcillo, de estofado de ave que mi nariz, embotada de anestesia, creyó reconocer en el carrito del almuerzo hospitalario. Todavía está soñando, dijo una voz que me escalofrió: es mejor que la dejemos descansar. La sombra que había hablado se esfumó sin que yo alcanzara a perfilarla, y con ella dejaron la habitación los otros bultos que descubrí expectantes, inclinados sobre mí, cuando conseguí, por fin, abrir los ojos. (Pág. 13)
Y tú, Violinista, deberías venir conmigo. Nos besaríamos apoyados en el brocal del pozo, cuyas aguas se volvieron amargas con las lágrimas que una doncella judía y medieval derramó por la muerte de su amante cristiano. Luego de la mano, subiríamos a la torre de la Catedral para arrullarnos allá arribaron el mismo fervor que las palomas.
Fuera sigue lloviendo pero ya no me importa. Soy paciente y te espero. (Págs. 236-37)
Beatriz y los cuerpos celestes (Lucía Etxebarría. 1998 [Destino, 1998])
-- No entiendo por qué lees esa basura – le dije yo, enfurruñada, no porque censurase realmente sus gustos en materia de lectura sino porque quería llamar su atención. Era una de esas tantas tardes sucesivas que yo pasaba en su casa, tantas que Mónica ya no se sentía obligada a hacerme caso. Su cuarto era el mío, yo lo sabía, y podía hacer allí lo que me apeteciera. Eso sí, Mónica no pensaba darme conversación. (Pág. 13)
Se me ocurre volver a llamarla más tarde, cuando e despierte, invitarla a que venga a Madrid a visitarme. Sugerirle que tome una semana del mes de vacaciones que su jefe le debe desde tiempos inmemoriales . Enviarle un billete de avión a Edimburgo, un ramo de flores, un anillo de oro, Probablemente es tarde para enviarle nada. Ni siquiera me siento con derecho a esperar nada de ella, y no cuento con nada que pueda prometerle. Y ahora, si lo pienso, no sé qué argumentos podría ofrecerle para rogarle que me hiciese una visita. Puede que ni siquiera sea digna de que Cat entre en mi casa.
Pero una palabra suya bastará para sanarme. (Pág. 339)
domingo, 28 de noviembre de 2010
Ana María Matute confirma la alternancia del Premio Cervantes
Se cumple así cierta ley no escrita por la que el prestigioso galardón se da de forma alterna a un literato de España y, al año siguiente, a otro de América Latina.
Considerada como la eterna candidata al Premio Cervantes, Matute vio por fin su nombre entre los ilustres que han ganado este galardón, el más importante de las letras hispanas, dotado con 169.000 dólares.
En los últimos diez años, el Premio Cervantes ha cumplido esa norma inquebrantable. Así, el Cervantes ha ido pasando por las manos de los españoles Francisco Umbral (2000), José Jiménez Lozano (2002), Rafael Sánchez Ferlosio (2004), Antonio Gamoneda (2006) y Joan Marsé (2008).
Este premio ha tenido un notable acento hispanoamericano, luego de que fuera entregado en el colombiano Álvaro Mutis (2001), al chileno Gonzalo Rojas (2003), el mexicano Sergio Pitol (2005) y al argentino Juan Gelman, quien recibió este reconocimiento en 2007.
Entre los candidatos al Premio Cervantes de este año figuraban los escritores españoles Juan Goytisolo, José Manuel Caballero Bonald, Arturo Pérez-Reverte, Francisco Nieva, Javier Marías y Luis Mateo Díez; el chileno Nicanor Parra, el argentino Ricardo Piglia, la colombiana Laura Restrepo y el mexicano Fernando del Paso.
De esa manera, Ana María Matute se convierte en la tercera mujer en obtener este galardón, en los 35 años de vida del premio. Las otras dos mujeres fueron la española María Zambrano, en 1988, y la cubana Dulce María Loynaz, en 1992.
Matute es académica de la Lengua y Premio Nacional de las Letras Españolas 2007. Una mujer marcada por su formación musical y pictórica, además de su talento literario, como ya demostró en su primera novela, Pequeño Teatro, escrita a los 17 años y publicada once años después, con la que ganó el Premio Planeta 1954.
Escritora a los 5 años
"Empecé a escribir a los cinco años, y además guardo las ilustraciones que yo misma hacía para los relatos", explicó la escritora en una entrevista concedida el pasado 19 de noviembre en su domicilio de Barcelona.
Matute ha recibido a lo largo de su carrera importantes premios, como el Café Gijón por Fiesta al noroeste (1952); el Premio Nadal por Primera memoria (1959), que fue el primer libro de su trilogía titulada Los mercaderes, que luego completó con Los soldados lloran de noche (1964) y La trampa (1969), y el Premio Nacional de Literatura Infantil Lazarillo por El polizón de Ulises (1965).
Galardonada también con el Premio Nacional de las Letras Españolas (2007), está considerada por la crítica literaria como una "prosista de una gran capacidad de fabulación" y una experta en narrativa infantil, cuya temática gira en torno a tres ejes: los niños, la incomunicación humana y el paraíso imposible.
El 18 de enero de 1998, Ana María Matute ingresó a la Real Academia Española de la Lengua y ocupó el sillón "K", vacante tras la muerte de la poetisa Carmen Conde. En 2000, con Aranmanoth completó su trilogía medieval: los otros dos títulos de la misma fueron La torre vigía (1971) y Olvidado Rey Gudú (1996).
Dos años después, en 2002, sus "Cuentos de infancia" vieron la luz, una recopilación de nueve cuentos escritos e ilustrados por la propia Ana María Matute cuando tenía entre cinco y catorce años.
Una escritora activa
En 2008 publicó su última novela, Paraíso inhabitado, que en principio iba a ser su última obra, en palabras de la escritora barcelonesa. Pero, a principios de noviembre de 2010, sorprendió con la presentación de La puerta de la luna, una recopilación de todos sus cuentos, y el anuncio de una nueva novela, que está "madurando". A sus 85 años, Ana María Matute confiesa que "una de las cosas que más me gustan es dibujar con lápices de colores, que continuamente me están regalando y que traen a mi memoria el olor a la madera y de aquella infancia, pero hoy ni las manos ni la vista me permiten continuar dibujando".