viernes, 29 de octubre de 2010
Buscando a Erika...
domingo, 24 de octubre de 2010
La hora de la clase
miércoles, 20 de octubre de 2010
El trozo de Barrio de Maravillas para el comentario
Trozo para comentar de
Barrio de Maravillas (págs. 48-49)
por Rosa Chacel
(Barcelona: Seix Barral, 1976)
1. La luz, después de aquella transacción, quedó también aquí hermanada con el
2. olor – el olor, material fugaz que se escapa sin romper el vínculo, sin borrarse
3. en el camino, sino al contrario, siendo camino hasta la cosa olorosa--, el olor
4. de la necesidad, del sustento…En el cuarto cedido – condenada la puerta
5. comunicante entre las dos piezas – la luz de la mañana, dura, estricta,
6. corroboradora, colaboradora se unía, en dignación esencial, con el vaho del
7. pucherito en la hornilla de petróleo con el petróleo mismo, con las sustancias
8. químicas servidoras de la higiene; lejía, zotal, jabón amarillo empapando el
9. atadijo de esparto…Olores crueles como celadores, como guardias adustos y
10. protectores, vencidos a veces por los olores caseros, sensuales, capciosos; ajo
11. y cebolla, laurel, pimentón… La luz necesaria, confundida con estos aromas,
12. abdica de su silencio – silencio de barrio sin gran tráfago: sólo pregones
13. suben d la profunda calle – y acoge el ruido laborioso de una máquina Singer.
14. La armonía necesaria queda dentro del cuarto. Fuera, en el largo corredor de
15. las guardillas, la luz es más ociosa, su misión no es apremiante, nadie allí
16. necesita ser alumbrado. La luz escatima – no por parquedad, concepto
17. antitético de la luz --, localiza o sistematiza sus focos a lo Rembrandt, cae de
18. pequeñas lucernas circulares, por donde se descuelgan los gatos, suaves,
19. pesados, silenciosos. Los gatos caen de ellas como caen las gotas de lluvia,
20. caen por su peso y dan en el suelo un golpe imperceptible y corretean por el
21. pasillo, busca allí su caza o sus aventuras y saltan con precisión a la pequeña
22. lumbrera que les da acceso al tejado. La luz allí, en todo el largo corredor en
23. que se alinean las puertas de las guardillas, en el sentido longitudinal de la
24. casa –esquina San Vicente y San Andrés: cinco huecos San Vicente, cinco San
25. Andrés--, en el largo pasillo la luz asume el violento claroscuro y el olor
26. tenebroso, feroz, acerbo de los gatos. Dentro de las guardillas la luz apenas
27. se posa en viejos baúles, en cestos desfondados, bañeras de zinc, retratos
28. ancestrales, bronces repudiados por la moda. Luego en la escalera la luz
29. cenital de la claraboya se esparce, magnánima, a cualquier hora. Esplendente
30. al mediodía, casi agobiante en el último piso: despiadada al final de la
31. ascensión…Y cada piso—en cada piso dos cuartos—tiene su luz propia o
32. tiene su coloquio con la luz porque la luz, en cada reducto íntimo, mira con el
33. gesto que el diálogo suscita, en cada uno asume el temple del conjunto. El
34. color de las paredes, de los muebles y de los rostros, porque ciertos
35. determinados muebles concuerdan con el estilo y calidad de los alimentos.
jueves, 14 de octubre de 2010
Fotos de Barcelona años 20, 30, 40, 50, 60, 70...
Hola,
aquí tienen varios enlaces para ver fotos de Barcelona durante el S. XX; les darán un trasfondo para La gangrena. El último enlace, el de YouTube les llevará a un vídeo, pero como siempre, verán que hay más. Como este libro se desarrolla durante varias décadas y parece implicar que lo que pasa en el libro pasa por el estado de la sociedad Barcelonesa/Española creo que las imágenes serán interesantes...
http://www.20minutos.es/museo-virtual/foto/1369/lugar/barcelona/
http://www.fotosconhistoria.canalhistoria.com/?cmd=photo_view&photo_id=3998
http://www.fotosdebarcelona.com/blog/?cat=1
http://albertribera.wordpress.com/2008/02/19/fotos-de-barcelona-en-los-aos-50/
miércoles, 13 de octubre de 2010
He aquí el trozo de LA GANGRENA
Acuérdense, que deben comentar el trozo por sí y también tener en cuenta el resto del libro cuando hacen su comentario...
Trozo para un comentario de texto de La gangrena
por Mercedes Salisachs
(Barcelona: Planeta, 1978); pág.18
1. Pero al regresar a la mía [casa], algo moría siempre dentro de mí. Eran
2. muertes pequeñas, casi imperceptibles, muertes que apenas dejaban huecos:
3. sin embargo, dolían. Sólo años más tarde comprendí que aquello que
4. parecían huecos, eran simas tremendas. Instintivamente buscaba paralelos
5. que nunca encontraba: allí, en la vivienda de los Moraldo, era el jardín de
6. tilos, con sus mecedoras de lona y sus mesas de mimbre; los salones
7. espaciosos con muebles firmados y tapices del XVI; la biblioteca salpicada de
8. incunables; la sala de estar con sus cuadros antiguos, sus porcelanas del
9. Retiro, y sus jarros de La Granja; los vestíbulos con sus estatuas romanas y
10. sus alfombras persas; el comedor con su cristalería francesa, sus platos
11. ingleses, y su cubertería jeroglífico…Y los jarrones de flores (siempre frescas,
12. siempre recién arrancadas de la tierra) y los butacones confortables y el reloj
13. sonoro…
14. En cambio, en mi casa era la portería estrecha, oliendo a moho y a
15. sardina frita con ajo (la portera se empañaba en guisar sardinas en el
16. pequeño fogón que se alzaba al fondo de la garita y que no tenía más tiraje de
17. humos que la propia puerta), la escalera de peldaños desiguales y torcidos,
18. con su baranda abrillantada por las manos de los inquilinos, y la bombilla de
19. los rellanos, empolvada y mosqueada, y el piso con su eterno y peculiar olor a
20. calle estrecha, y comidas apresuradas y a lejía; y el comedor, con su aparador
21. fin de siglo, ostentando, sobre la repisa, el queso (cubierto por una campana
22. de cristal) que el tío Roberto degustaba todas las mañanas para reponer
23. fuerzas y continuar sus visitas. Y el jarrón de vidrio tallado (ganado por mi
24. madre en una tómbola del Turó Park) sobre la mesa, con sus flores
25. artificiales de trapo (entonces no existía el plástico) imitando amapolas y
26. otras especies campestres… Y la caracola gigante sobre el velador (aquel que
27. un día mi madre encontró abandonado en una playa de la Costa Brava). Y mi
28. madre, tan distinta a la madre de Paco, besando mis mejillas con labios
29. húmedos (tenía el vicio de mordérselos), preguntándome curiosa cómo había
30. pasado la tarde y repitiéndome día tras día lo difícil que se estaba poniendo
31. todo, la miseria que dominaba el país y las continuas huelgas que estábamos
32. padeciendo.
33. Nada era igual. Nada, salvo la manía de mencionar los repetidos
34. desórdenes políticos. Al parecer, aquella obsesión abarcaba España entera.
martes, 5 de octubre de 2010
He aquí el trozo de Diario de una maestra...
Trozo para un comentario de texto de
Diario de una maestra
por Dolores Medio
(Destino: Barcelona, 1985), págs. 57-58
1. --Bueno, el problema de la enseñanza es otra cosa, tiene otras raíces y
2. otros obstáculos, pero no ha de librarse de la evolución social. Un día no
3. lejano parecerá absurdo que hayan existido escuelas para ricos y escuelas
4. para pobres, fomentando deliberadamente esta diferencia. Tan absurdo y tan
5. inmoral como nos parece hoy la esclavitud. La enseñanza debe ser la misma
6. para todos, sin otra diferencia que la de la capacidad intelectual del alumno.
7. Pero esto, naturalmente, no ha de imponerse, sino aceptarse como un
8. principio ético. A la larga, el triunfo es nuestro. Muy a la larga claro… Vencer,
9. imponerse, es fácil. Convencer no es tan sencillo. Nuestra verdad triunfará,
10. pero a costa de tiempo, de sacrificio… Nuestra generación no recogerá el
11. fruto de esta cosecha.
12. Cree sentir Irene que las manos de Máximo Sáenz tiemblan
13. ligeramente. Se apodera de ellas. Besa sus palmas. Máximo las retira con presteza.
14. --¡Eh! Cuidado, señorita Gal. No debes hacer esto.
15. -- ¿Por qué?, Max. Quiero a tus manos. Quiero mucho a tus manos.
16. --¡Oh, sí!... Mis manos… Pero yo opino, Tortuga, que estos besos no
17. pueden malgastarse. Vamos a estar juntos muy poco tiempo y lo estamos
18. perdiendo tontamente, discutiendo cosas que no nos afectan.
19. --Nos afectan. Y tú estás preocupado.
20. Máximo se alza de hombros.
21. -- Bien, sí, Tortuga. Para qué negarlo. La suerte de España se está
22. jugando, y nadie, con un poco de sentido, puede despreocuparse del momento.
23. Pero no hablemos de ello, por favor.
24. Y después de una pausa:
25. --He venido al Albergue huyendo del ambiente irrespirable de Madrid.
26. Ni la prensa puede leerse. ¡Cuánta comedia!
27. De pronto con alegría:
28. --Bueno, Tortuga, ¿qué es esto?... Hace tiempo que no practicamos la Ley de
29. Talión. ¡Venga esas manos! Estoy en deuda.
30. Toma las manos de Irene y las besa en las palmas. Después, la ayuda a levantarse
31. del suelo y la atrae hacia la butaca. Irene se instala sobre sus rodillas y apoya la
32. cabeza contra su pecho.
33. --¡Ah, no!... No es así, Tortuga. ¿Lo has olvidado?… Cara con cara… Ojo con
34. ojo… Boca con…
35. El abrazo de Irene Gal y Máximo Sáenz, retozón, primitivo, casi exento de
36. sensualidad, se prolonga hasta bien entrada la tarde.