miércoles, 20 de octubre de 2010

El trozo de Barrio de Maravillas para el comentario

Trozo para comentar de

Barrio de Maravillas (págs. 48-49)

por Rosa Chacel

(Barcelona: Seix Barral, 1976)

1. La luz, después de aquella transacción, quedó también aquí hermanada con el

2. olor – el olor, material fugaz que se escapa sin romper el vínculo, sin borrarse

3. en el camino, sino al contrario, siendo camino hasta la cosa olorosa--, el olor

4. de la necesidad, del sustento…En el cuarto cedido – condenada la puerta

5. comunicante entre las dos piezas – la luz de la mañana, dura, estricta,

6. corroboradora, colaboradora se unía, en dignación esencial, con el vaho del

7. pucherito en la hornilla de petróleo con el petróleo mismo, con las sustancias

8. químicas servidoras de la higiene; lejía, zotal, jabón amarillo empapando el

9. atadijo de esparto…Olores crueles como celadores, como guardias adustos y

10. protectores, vencidos a veces por los olores caseros, sensuales, capciosos; ajo

11. y cebolla, laurel, pimentón… La luz necesaria, confundida con estos aromas,

12. abdica de su silencio – silencio de barrio sin gran tráfago: sólo pregones

13. suben d la profunda calle – y acoge el ruido laborioso de una máquina Singer.

14. La armonía necesaria queda dentro del cuarto. Fuera, en el largo corredor de

15. las guardillas, la luz es más ociosa, su misión no es apremiante, nadie allí

16. necesita ser alumbrado. La luz escatima – no por parquedad, concepto

17. antitético de la luz --, localiza o sistematiza sus focos a lo Rembrandt, cae de

18. pequeñas lucernas circulares, por donde se descuelgan los gatos, suaves,

19. pesados, silenciosos. Los gatos caen de ellas como caen las gotas de lluvia,

20. caen por su peso y dan en el suelo un golpe imperceptible y corretean por el

21. pasillo, busca allí su caza o sus aventuras y saltan con precisión a la pequeña

22. lumbrera que les da acceso al tejado. La luz allí, en todo el largo corredor en

23. que se alinean las puertas de las guardillas, en el sentido longitudinal de la

24. casa –esquina San Vicente y San Andrés: cinco huecos San Vicente, cinco San

25. Andrés--, en el largo pasillo la luz asume el violento claroscuro y el olor

26. tenebroso, feroz, acerbo de los gatos. Dentro de las guardillas la luz apenas

27. se posa en viejos baúles, en cestos desfondados, bañeras de zinc, retratos

28. ancestrales, bronces repudiados por la moda. Luego en la escalera la luz

29. cenital de la claraboya se esparce, magnánima, a cualquier hora. Esplendente

30. al mediodía, casi agobiante en el último piso: despiadada al final de la

31. ascensión…Y cada piso—en cada piso dos cuartos—tiene su luz propia o

32. tiene su coloquio con la luz porque la luz, en cada reducto íntimo, mira con el

33. gesto que el diálogo suscita, en cada uno asume el temple del conjunto. El

34. color de las paredes, de los muebles y de los rostros, porque ciertos

35. determinados muebles concuerdan con el estilo y calidad de los alimentos.

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