martes, 5 de octubre de 2010

He aquí el trozo de Diario de una maestra...

Trozo para un comentario de texto de

Diario de una maestra

por Dolores Medio

(Destino: Barcelona, 1985), págs. 57-58

1. --Bueno, el problema de la enseñanza es otra cosa, tiene otras raíces y

2. otros obstáculos, pero no ha de librarse de la evolución social. Un día no

3. lejano parecerá absurdo que hayan existido escuelas para ricos y escuelas

4. para pobres, fomentando deliberadamente esta diferencia. Tan absurdo y tan

5. inmoral como nos parece hoy la esclavitud. La enseñanza debe ser la misma

6. para todos, sin otra diferencia que la de la capacidad intelectual del alumno.

7. Pero esto, naturalmente, no ha de imponerse, sino aceptarse como un

8. principio ético. A la larga, el triunfo es nuestro. Muy a la larga claro… Vencer,

9. imponerse, es fácil. Convencer no es tan sencillo. Nuestra verdad triunfará,

10. pero a costa de tiempo, de sacrificio… Nuestra generación no recogerá el

11. fruto de esta cosecha.

12. Cree sentir Irene que las manos de Máximo Sáenz tiemblan

13. ligeramente. Se apodera de ellas. Besa sus palmas. Máximo las retira con presteza.

14. --¡Eh! Cuidado, señorita Gal. No debes hacer esto.

15. -- ¿Por qué?, Max. Quiero a tus manos. Quiero mucho a tus manos.

16. --¡Oh, sí!... Mis manos… Pero yo opino, Tortuga, que estos besos no

17. pueden malgastarse. Vamos a estar juntos muy poco tiempo y lo estamos

18. perdiendo tontamente, discutiendo cosas que no nos afectan.

19. --Nos afectan. Y tú estás preocupado.

20. Máximo se alza de hombros.

21. -- Bien, sí, Tortuga. Para qué negarlo. La suerte de España se está

22. jugando, y nadie, con un poco de sentido, puede despreocuparse del momento.

23. Pero no hablemos de ello, por favor.

24. Y después de una pausa:

25. --He venido al Albergue huyendo del ambiente irrespirable de Madrid.

26. Ni la prensa puede leerse. ¡Cuánta comedia!

27. De pronto con alegría:

28. --Bueno, Tortuga, ¿qué es esto?... Hace tiempo que no practicamos la Ley de

29. Talión. ¡Venga esas manos! Estoy en deuda.

30. Toma las manos de Irene y las besa en las palmas. Después, la ayuda a levantarse

31. del suelo y la atrae hacia la butaca. Irene se instala sobre sus rodillas y apoya la

32. cabeza contra su pecho.

33. --¡Ah, no!... No es así, Tortuga. ¿Lo has olvidado?… Cara con cara… Ojo con

34. ojo… Boca con…

35. El abrazo de Irene Gal y Máximo Sáenz, retozón, primitivo, casi exento de

36. sensualidad, se prolonga hasta bien entrada la tarde.

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