domingo, 28 de noviembre de 2010

Ana María Matute confirma la alternancia del Premio Cervantes

Ana María Matute confirma la alternancia del Premio Cervantes
EFE - 0 Comentarios
Publicado: 28.11.2010
Ana María Matute confirma la alternancia del Premio Cervantes
EFE
Madrid. El Premio Cervantes, el más importante de las letras castellanas, fue otorgado este año a la autora española, Ana María Matute, después de que en la pasada edición fuera entregado al mexicano José Emilio Pacheco.

Se cumple así cierta ley no escrita por la que el prestigioso galardón se da de forma alterna a un literato de España y, al año siguiente, a otro de América Latina.

Considerada como la eterna candidata al Premio Cervantes, Matute vio por fin su nombre entre los ilustres que han ganado este galardón, el más importante de las letras hispanas, dotado con 169.000 dólares.

En los últimos diez años, el Premio Cervantes ha cumplido esa norma inquebrantable. Así, el Cervantes ha ido pasando por las manos de los españoles Francisco Umbral (2000), José Jiménez Lozano (2002), Rafael Sánchez Ferlosio (2004), Antonio Gamoneda (2006) y Joan Marsé (2008).

Este premio ha tenido un notable acento hispanoamericano, luego de que fuera entregado en el colombiano Álvaro Mutis (2001), al chileno Gonzalo Rojas (2003), el mexicano Sergio Pitol (2005) y al argentino Juan Gelman, quien recibió este reconocimiento en 2007.

Entre los candidatos al Premio Cervantes de este año figuraban los escritores españoles Juan Goytisolo, José Manuel Caballero Bonald, Arturo Pérez-Reverte, Francisco Nieva, Javier Marías y Luis Mateo Díez; el chileno Nicanor Parra, el argentino Ricardo Piglia, la colombiana Laura Restrepo y el mexicano Fernando del Paso.

De esa manera, Ana María Matute se convierte en la tercera mujer en obtener este galardón, en los 35 años de vida del premio. Las otras dos mujeres fueron la española María Zambrano, en 1988, y la cubana Dulce María Loynaz, en 1992.

Matute es académica de la Lengua y Premio Nacional de las Letras Españolas 2007. Una mujer marcada por su formación musical y pictórica, además de su talento literario, como ya demostró en su primera novela, Pequeño Teatro, escrita a los 17 años y publicada once años después, con la que ganó el Premio Planeta 1954.

Escritora a los 5 años
"Empecé a escribir a los cinco años, y además guardo las ilustraciones que yo misma hacía para los relatos", explicó la escritora en una entrevista concedida el pasado 19 de noviembre en su domicilio de Barcelona.

Matute ha recibido a lo largo de su carrera importantes premios, como el Café Gijón por Fiesta al noroeste (1952); el Premio Nadal por Primera memoria (1959), que fue el primer libro de su trilogía titulada Los mercaderes, que luego completó con Los soldados lloran de noche (1964) y La trampa (1969), y el Premio Nacional de Literatura Infantil Lazarillo por El polizón de Ulises (1965).

Galardonada también con el Premio Nacional de las Letras Españolas (2007), está considerada por la crítica literaria como una "prosista de una gran capacidad de fabulación" y una experta en narrativa infantil, cuya temática gira en torno a tres ejes: los niños, la incomunicación humana y el paraíso imposible.

El 18 de enero de 1998, Ana María Matute ingresó a la Real Academia Española de la Lengua y ocupó el sillón "K", vacante tras la muerte de la poetisa Carmen Conde. En 2000,
con Aranmanoth completó su trilogía medieval: los otros dos títulos de la misma fueron La torre vigía (1971) y Olvidado Rey Gudú (1996).

Dos años después, en 2002, sus "Cuentos de infancia" vieron la luz, una recopilación de nueve cuentos escritos e ilustrados por la propia Ana María Matute cuando tenía entre cinco y catorce años.

Una escritora activa
En 2008 publicó su última novela, Paraíso inhabitado, que en principio iba a ser su última obra, en palabras de la escritora barcelonesa. Pero, a principios de noviembre de 2010, sorprendió con la presentación de La puerta de la luna, una recopilación de todos sus cuentos, y el anuncio de una nueva novela, que está "madurando". A sus 85 años, Ana María Matute confiesa que "una de las cosas que más me gustan es dibujar con lápices de colores, que continuamente me están regalando y que traen a mi memoria el olor a la madera y de aquella infancia, pero hoy ni las manos ni la vista me permiten continuar dibujando".

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