COMENTARIO DE TEXTO I
1. EL TROZO
35, 36, 37 - vv. 715-743 del Cantar de Mío Cid
[aquí vendría el trozo del texto, aunque seguramente no dividido ya en tres partes, y con los versos numerados de 1 a 29 – busquen el texto en un ejemplar del CMC]
2. EL ASUNTO
Los guerreros del Cid se preparan para entrar en batalla. Están a caballo y se preparan para atacar y para defenderse. El Cid los exhorta para entrar en la batalla y herir a muchos enemigos. Son trescientos hombres, y al principio de esta batalla ya matan a 600 moros.
Entonces se describe la batalla misma. El narrador dice que si estuviéramos allí podríamos ver la acción de las lanzas que bajan y suben y que hieren y matan. La sangre brota. Cada lado pide la ayuda a su protector o patrón: los moros a Mahoma, los cristianos a Santiago. En poco tiempo los cristianos han matado a 1.300 moros.
Después de la batalla, el narrador alaba al Cid y entonces da un catálogo épico de hombres principales que luchan con Rodrigo y menciona de dónde vienen--en efecto, vienen de todas partes de la península ibérica. Al final se menciona que todos los que hay allí acorren a la bandera del Cid.
3. LA ACTITUD
El narrador tiene una actitud muy positiva hacia su sujeto. Describe a los guerreros con detalles que gustan al ojo, hay acción y colores. Se repiten las palabras "coraçones" y "buen." Se nota también una humanización de no sólo los cristianos, sino también de los moros al mencionar su grito hacia Mahoma--el narrador parece conocer a los hombres de ambos lados. No menosprecia a los moros; sabe que conquistar a un grupo de humanos igualmente valientes y valerosos hace aun mayor una victoria que una conquista de unas caricaturas duo-dimensionales y ridículas. El mencionar a Santiago y el "Criador" tanto como a Mahoma de una manera muy sencilla y sin rencor ni ironía indica una creencia en dios, aunque se denota una creencia cristiana--son los cristianos que al fin ganan.
4. LOS APARTADOS
La rima de estos versos inmediatamente indica que pudiera haber tres apartados:
A) o-e [vv. 1-11/715-25] variación en el centro: a-o, -á, -ó [a-o];
B) -á [a-e], [vv. 12-18/726-32];
C) -ó [o-e], [vv. 19-29/733-43].
También el sujeto y el punto de vista los pide:
A) "Enbraçan los escudos . . . otros tantos muertos son." -- la
preparación, y vista desde lejos
B) "Veriedes tantas lanças . . .mil e trezientos ya." -- la batalla de cerca
C) "¡Quál lidia bien . . . e a mio Çid el Campeador." – el resultado
5. ESTRUCTURA Y LENGUAGE
Los tres apartados forman una especie de tríptico tan frecuentemente encontrado en las iglesias medievales: la sección con rima -á (a-e si se considera la e paragógica) en el centro, mostrando la batalla misma, con dos "alas" con rima -ó (o-e), más detalladamente descriptivas, una (vv. 1-11) demostrando la hueste cristiana como unidad, y la otra (vv. 19-29) como individuos.
Cada una de estas secciones también por su parte se dividen en tres. El apartado A en la preparación (vv. 1-4), el grito (vv. 5-7), y el ataque, resultado de las primeras dos sub-secciones (vv. 8-11); el apartado B en la acción (vv. 12-16), el grito (v. 17), y el resultado de esas dos secciones (v. 18); el apartado C en la alabanza del Cid como guerrero (vv. 19-20), el catálogo épico--una especie de pregón o grito (vv. 21-27), y el resumen, o resultado (vv. 28-29). El hecho de que cada sección mayor y cada sub-sección no tenga el mismo número de versos evita la monotonía que tal regularidad pudiera inducir, y también subraya la herencia oral, tradicional y no culta del trozo.
APARTADO A: "Enbraçan los escudos . . . otros tantos muertos son." (o-e [vv. 1-11/715-25]), -- la preparación, y vista desde lejos
En los primeros cuatro versos de este apartado, la sub-sección de la preparación, hay una obvia y repetida división de cada verso: en la primera parte, antes de la cæsura, se describe la acción de los guerreros ("Enbraçan," "abaxan," "enclinaron," "ívanlos ferir"); en la segunda, después de la cæsura, se menciona un sustantivo relacionado a esa acción ("coraçones," "pendones," "arzones," "coraçones"). Nótese el pequeño cambio en el patrón en el verso 4, donde el verbo inicial ya es una frase verbal de dos palabras, y el sustantivo final es una repetición del primero (“coraçones”) y así cierra esta sección. Nótese también la repetición de la palabra “corazones,” – el lugar en donde residen la vida y la valentía (las dos cosas que necesita un buen guerrero) es la cosa que protegen al principio y cuya bravura usan en el verso 4.
En medio de esta actividad descrita, al igual que a la mitad de esta sección, ahora se destaca el Cid (vv. 5-7) con la sección del grito. El narrador lleva a los oyentes/lectores a esta sección nueva con un verso casi como los cuatro previos: describe la llamada a “grandes vozes” en la primera mitad del verso, y menciona el sustantivo (el Cid) que da esa llamada. Entonces nos mete a los oyentes directamente en la escena y nos deja oír ese grito al citar al Cid en el verso 6 -- otra vez siguiendo la pauta de verbo-sustantivo. El grito termina con un verso que rompe el patrón al identificarse el Cid con sus tres denominaciones: Ruy Díaz, el Cid de Vivar, el campeador; estas denominaciones van como progresará la fama del Cid: desde lo individual (su nombre propio), a lo regional (denominación dada por los moros y lugar de su casa), al maestro, doctor del campo de batalla.
Al grito le siguen los cuatro versos que describen el ataque, que es el resultado de la preparación (vv. 1-4) y el grito (vv. 5-7). Parece que esta sección tendrá el mismo ritmo que la primera, pero el sentido del verso 8 indica que todo el verso es una moción hacia adelante, no hay un verbo y su contestación (sustantivo) que recibe y detiene la acción. “Todos” empieza el verso, y todos mueven hacia el frente (“az”) de la batalla donde está Pedro Bermúdez. En realidad las fuerzas cristianas, menos el Cid y el mencionado Pedro Bermúdez, son todavía a una hueste anónima, pero ya no se describen como “corazones” y “caras,” sino que son “trescientas lanzas” – el arma mencionado también en la primera parte, la preparación; son ahora un arma ofensivo. Nótese que también se mencionan otra vez los pendones, que serán aun más importantes en el Apartado B. Parece que estos cristianos anónimos son casi una especie de máquina de guerra – matan a 300 moros con 300 golpes al atacar y matan el mismo número de moros a la vuelta.
El narrador presenta al lector/oyente una vista panorámica de la batalla a su comienzo; “vemos” a ambas las huestes mora y cristiana y se nos ha preparado para una vista más de cerca en el Apartado B, la sección central del tríptico.
APARTADO B: “Veriedes tantas lanças ...mill e trezientos ya.” (a-e o –á [vv. 12-18 o 726-32]), -- la batalla de cerca
En el Apartado B hay otra vez 3 subdivisiones: la acción y el grito, y después el resultado.
Con la palabra “veriedes” el narrador inmediatamente lleva a su público a la acción; ¡estamos allí! ¡Lo vemos todo! Una gran cantidad de lanzas, adágaras, lorigas, pendones y caballos “premer e alzar,” “foradar e passar,” “falsar e desmanchar,” caballos sin dueños, pendones rojos de sangre. El narrador nos lleva consigo a un ritmo que recuerda al movimiento hacia delante de un caballo seguido por un rallentando consiguiente. La repetición de la exclamación positiva (“tanta,” “tantas,” “tanto”) y su triste resultado (“passar” y “desmanchar”). El ritmo también indica una especie de subida y bajada. Si somos lectores, podemos ver en la página que la primera sección de cada verso contiene todos los atavíos de guerra y la segunda mitad de los versos los resultados de su uso.
Nótese también que el centro concreto del Apartado B, el verso 15, nos muestra los sinecdóquicos pendones blancos que conocemos del Apartado A “salir vermeios en sangre.” Además la descripción de la batalla nos demuestra otro hecho de ella: en todo el caos de esta parte ya no se puede ver quiénes son los cristianos ni quiénes los moros; no sabemos quiénes andan heridos ni qué caballos andan sin dueños ... algo que se subraya aun más al mencionar el grito de batalla de ambos lados sin comentar cuál de los dos-–Mahoma o Santiago—es el “correcto” o “verdadero.” También es importante notar que el narrador nombra correctamente el profeta de los moros, no inventa algún nombre exótico ni usa el nombre de Alá que no correspondiera a “Santiago”; ambos él y su público conocían, vivían con los moros.
Después del “grito” hay un solo verso que da el resultado de la batalla: “cayen en un poco de logar moros muertos mill e treziento ya.” Mencionar sólo a los muertos moros indica que han ganado los cristianos, pero el verso sigue la pauta panorámica, panhumana, del resto del apartado. Es una frase sombría y respetuosa de esos muertos. No se nota ningún tipo de alegría o venganza. Se oye además la poética aliteración de “moros muertos mill.”
APARTADO C: “¡Quál lidia bien ...e a Mio Çid el Canpeador.” (o-e u –ó [vv. 19-29 o 733-43]), -- el resultado
Los dos primeros versos sirven de acordarnos de la “preparación” en el Apartado A: el Cid y los suyos luchando agachados sobre el arzón (el v. 19 con el v. 3 [717]) y también el grito de batalla de esa sección (el v. 20 con el v. 7 [721]). Esto devuelve nuestra atención a las fuerzas cristianas cuya descripción forman las dos alas del tríptico, centrado por la descripción panorámica de la batalla en el Apartado B.
El verso 20 de esta sección introductoria también sirve de primera línea de la parte central del Apartado C, el catálogo épico, porque es una especie de pauta por seguir, aunque por su sentido y puntuación forman la primera parte (vv. 19-20)—es así una puente perfecta entre las dos secciones del apartado. El verso 20 además menciona el personaje más importante del catálogo épico que es una lista de los hombres claves de la mesnada del Cid, el Cid mismo. El narrador empieza dando el título árabe del Campeador, “Mío Çid,” y entonces da su nombre propio, “Ruy Díaz,” y una frase explicatoria como en los demás casos, pero esta frase no lo liga a un sitio especifico—Vivar o Castilla—como en el caso de sus compañeros. Él es “el buen lidiador,” que es la razón por la cual los otros lo siguen y también un epíteto universal. También ofrece un contraste con el grito del Cid en la primera parte: andtes de la batalla todavía es el de Vivar, después de la batalla cuando lo apoyan hombres de todos lados ya no es alguien de un solo lugar.
Ahora se da una lista de sus compañeros en orden descendiente de importancia. Primero el amigo y consejero más fiado del Cid, Minaya (nótese la denominación vascuence) Alvar Fáñez el señor de Zorita, un lugar en Castilla la Nueva. Entonces, Martín Antolínez “el burgalés de pro,” la ciudad del Cid mismo en Castilla la Vieja y el hombre que consiguió los “fondos” para esta expedición. El tercero es Muño Gustioz, también muy cerca al Cid, siendo criado por él y así parte de su familia extendida. Luego siguen hombres del Portugal (Montemayor) y Aragón; por fin el sobrino del Cid. Claro está, siendo parte de la mesnada del Cid, se relacionan también a su señor, el rey Alfonso, ahora rey de Castilla, pero también de León y Galicia. El resultado es que el narrador nos ha presentado por primera vez un grupo de guerreros que vienen de todas las partes que luego se denominará España, una España unida en un esfuerzo común.
Al igual que los otros 2 apartados, A y B, terminaron con una frase “resumiendo” lo que pasó anteriormente, los versos 28 y 29 (742 & 743) resumen la lista de los hombres del Cid y su lealtad para con él, el Cid Campeador—campi doctoris.
6. EL TEMA
La emoción causada al presenciar una batalla entre los victoriosos hombres del Cid, que vienen de todas las partes de la España cristiana, y una hueste de moros enemigos igualmente valientes.
7. CONCLUSIÓN
Esta sección del Cantar de Mío Cid es una de mis favoritas por ser tan bien “construída.” La variación y repetición de una figura (el tríptico) funciona de una manera que el lector / oyente quede fascinado pero sin notar obviamente las estructuras que usa el poeta. Me gusta también que el ritmo del trozo parece ser el mismo que el que causarían las acciones descritas y que el tríptico es, realmente, una figura muy “medieval” por ser usada tanto en la pintura de la época.
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