miércoles, 8 de septiembre de 2010

Comentario del Apartado A

Estimados amantes de la literatura,
aquí tienen el prometido comentario del Apartado A. Ojalá hubiera tenido más tiempo para hacerlo y redactarlo; a mí no me gusta poner un comentario sin poder ponerlo a un lado por 2 o 3 días y entonces mirarlo una vez más... desgraciadamente, si quiero que esto les ayude un poco antes de entregar la última parte de su comentario mañana o pasado, tengo que publicar lo que he escrito hasta ahora AHORA. Espero que me perdonen... pero también espero que tengan una idea mejor de qué quiero decir cuando les insto comentar las palabras individuales, o las repeticiones, etc. Si tienen preguntas, no duden de mandarme una cartita electrónica o de poner un comentario aquí en el blog:

Análisis

Apartado A (ll.1-13)

“No amaba este avaro la tierra como las mujeres de Maragatería, con ese amor recio y generoso que da la sal del llanto y del sudor para abono del surco en los terrenos. Amaba el dominio y la riqueza con mezquinos alcances, dentro de una pasión raquítica y sin alas.”

El Apartado A se compone de 3 párrafos, los últimos dos de una frase cada uno y el primero de dos frases. La posición inicial de los verbos en ese primer párrafo inmediatamente establece el asunto del párrafo y el contraste que se encontrará en este párrafo y los otros dos: “[N]o amaba” y “[A]maba.”

Además sabremos lo que el personaje NO ama primero, y eso establece un ambiente negativo, un ambiente negativo que se refuerza al revelar el sujeto del verbo: “este avaro.” La avaricia es uno de los siete pecados capitales o mortales, los pecados que destruyen la vida de la gracia y crean la amenaza de la condenación eterna. Pronto vamos a saber qué efecto ha tenido la avaricia en el tío Cristóbal, pero primero veremos por contraste cómo son las maragatas que sí saben amar. Su amor está lleno de sentimientos y acciones vivos: no solamente es generoso, algo que siempre asociamos con el amor, sino que también es “recio,” o sea vigoroso, fuerte, robusto, intenso. La narradora (o pueda que el narrador) además nos explica más en qué consiste este amor, el amor que vemos “en acción” con el trabajo de Olalla y Ramona en este trozo. Es un amor que “da la sal” – cosa sin la cual no podemos vivir, y da esa sal del llanto (emoción intensa, sufrimiento sicológico y físico, frustración, desolación) y del sudor (actividad física intensa, trabajo); el sudor y el llanto son también dos de las cosas mencionadas en la Biblia como constantes en la vida del ser humano después de ser expulsados del Edén. Esto subraya la humanidad de las mujeres en contraste con el avaro, apartado de la gracia de Dios.

En la segunda frase el lector se prepara para saber lo que Cristóbal sí amaba: “el dominio y la riqueza”; cosas que pudieran ser grandes y fuertes también, pero inmediatamente la narradora nos dice que son “de alcance mezquino,” o sea no sólo faltos de nobleza sino también pobres, pequeños. Para subrayar que nada en Cristóbal es grande y bello – cosas que se pudieran asociar con una pasión, se explica que su “pasión” es “raquítica y falta de alas.” Es decir que es deformada, que le ha faltado el alimento propio y que nunca puede subir hacia las alturas. La idea de no tener alas también nos prepara para la imagen de la serpiente en el tercer párrafo, la serpiente que simboliza el diablo, quien causó que Adán y Eva tuvieran que salir del Edén y a quien se le considera el ángel caído.

“Más duro de corazón y de mollera con los años, sentía la embriaguez de las posesiones a lo grosero y sensual, sin ternuras de enamorado, sólo con las voracidades torvas del instinto.”

Las mujeres no figuran en el segundo párrafo. Se enfoca exclusivamente en el tío Cristóbal para contarnos más de los efectos de su vida falta de gracia. Al pasar los años está menos vivo, menos abierto al crecimiento, a la vida ambos sentimentalmente (“Más duro de corazón”) e intelectualmente (“Más duro…de mollera”). Entonces vemos otra vez una de esas combinaciones únicas que parece llevarnos a creer que Cristóbal siente algo muy vivamente para luego saber que sus sentimientos son enfermos, deformados, no-naturales. Lo vemos en las ll. 4-5 con la “pasión raquítica y sin alas” y aquí (ll. 6-7) la narradora nos dice que él “sentía la embriaguez,” – noten que no “borrachera,” así que se pudiera pensar en la embriaguez que trae el amor, el perfume – pero entonces sabemos que es una “embriaguez de las posesiones a lo grosero y sensual, sin ternuras de enamorado.” O sea algo que siente estrictamente con los sentimientos más bajos y bastos, porque la narradora hasta asegura que no se puede interpretar que “sensual” se considere positivo de alguna manera porque le antepone “grosero” e inmediatamente después lo refuerza con mencionar que esto no tiene nada que ver con el amor y la ternura – llegamos a saber otra vez que lo que el tío Cristóbal supuestamente ama (véase en primer párrafo) realmente no lo ama porque parece incapaz de sentir el amor; sus sentimientos son como simples reacciones físicas que además son deformadas y enfermizas. Las últimas palabras del párrafo lo reafirman: que las quería “sólo con las voracidades torvas del instinto.” Nótese cómo la palabra “torva,” o espantosa le infunde cierto asco en el lector.

“Su torpe codicia iba arrastrándose, lo mismo que un reptil, por los barbechos, y en la estrechez de la mísera tierra laborable y en el camino silencioso y triste de las hendidas cabañucas romanas, hasta dar por chiripa en una casa de adobes, en una recua y un rebaño.”

En el último párrafo la narradora empieza inmediatamente con lo que ya sabemos ser la fuerza motriz de la vida de Cristóbal y también lo que le ha alejado de toda gracia y vida: “Su torpe codicia” – noten otro adjetivo negativo para algo que ya sabemos tener “mezquinos alcances” y “torvas voracidades”; ser “raquític[a] y sin alas,” “grosero y sensual.” Además esta codicia, este pecado ahora se personifica porque dice la narradora que “iba arrastrándose, lo mismo que un reptil.” Nótese primero que “Su torpe codicia” no se “desliza” lo que también hacen los reptiles, pero lo que implica una sinuosidad y sutilidad, sino que se “arrastra,” palabra que en el DRAE tiene 12 definiciones y ninguna pinta una imagen realmente positiva; por ejemplo:

1. tr. Llevar a alguien o algo por el suelo, tirando de él o de ello.

2. tr. Llevar o mover rasando el suelo, o una superficie cualquiera.

6. tr. Llevar tras sí, o traer a alguien a su dictamen o voluntad.

7. tr. Tener por consecuencia inevitable.

8. tr. Llevar adelante o soportar algo penosamente.

10. intr. Ir de un punto a otro rozando con el cuerpo en el suelo.

Además, hay dos definiciones que sorprenden, pero que también se pueden aplicar al caso de Cristóbal, o sea su codicia, el reptil:

4. tr. Pasar una cantidad de una cuenta a otra que es la continuación de la anterior.

12. prnl. Humillarse vilmente.

Una vez que el lector se ha imaginado ese reptil, la narradora nos lo hace ver arrastrándose por todas las partes del pueblo que le gustaría poseer: la tierra ese año no en uso para que, ojalá, rinda más el año siguiente; la tierra laborable que si puede rendir para las labradoras maragatas (volvemos al tema del primer párrafo), pero que se describe como “mísera” y estrecha; “el camino silencioso y triste” que nos recuerda que todos los del pueblo o están trabajando en el campo o están en América tratando de ganar el dinero suficiente para poder seguir adelante sin tener que rendirse al tío Cristóbal y su usura; las pobres casas de los campesinos: “hendidas (abiertas, sin realmente dar abrigo) cabañucas (terminación muy despreciativa para las pobres cabañas) romanas (o sea antiquísimas.

Pero al final vemos que Cristóbal y su avaricia no sólo tienen forma de reptil, sino que también de insecto que puede meterse en cualquier lugar y generalmente trae enfermedad, la chiripa o cucaracha, y de esa forma vigila, toca, se mete entre los otros bienes de los campesinos que tienen valor y que hacen posible sobrevivir: los animales que trabajan la tierra (“una recua”) y los animales que dan lana, leche, y carne (“un rebaño”).

Al final de párrafo tenemos una idea de lo miserable que es la existencia de los campesinos, o mejor dicho, las campesinas, y sabemos también que Cristóbal con su ser y pasión deformados los codicia todos, no importa cuán pobres sean.

2 comentarios:

  1. ¡Gracias Doctora! Ahora entiendo cuando me decía que tenía que poner más énfasis en los personajes y en cada una de las palabras de los párrafos. Es como "desmenuzar" las palabras y las oraciones de la autora

    ResponderEliminar
  2. Gracias Doctora... Ud. me ha ayudado bastante.

    ResponderEliminar