martes, 28 de septiembre de 2010

El trozo de Los hijos muertos para el comentario

Estimados amantes de la literatura, he aquí el trozo de Los hijos muertos que se debe comentar. Esta vez me gustaría ver todo lo que vimos en el primer comentario, pero también más relación al resto del libro. Deben considerar los que revela el trozo en sí y lo que revela del libro entero. También, como ahora trabajan en equipo, deben añadir una pequeña parte al final, que realmente no es parte del comentario, que explica cuáles cosas del comentario fueron las ideas de quién; claro, habrá también cosas que surgieron en común. Si tienen preguntas, no duden de escribirme por correo electrónico.
Dr. B-G

Trozo de Los hijos muertos por Ana María Matute
(Barcelona, Destino, 2004), págs. 154-55

1. El “Mar Negro” y sus hombres procuraban la oscuridad y el silencio, el

2. anónimo. Un barco cruzaba frente al “Mar Negro.” Un barco pasaba cercano,

3. cierto, y, sin embargo, irreal, lejano, más lejano que cielo y que el sol. “Es

4. italiano,” dijo una voz en alguna parte. O tal vez solamente lo pensó. El

5. barco cruzaba despacio, parecía. Iluminado, como una estrella insólita, lenta,

6. frente a sus ojos cansados. En cubierta brillaban luces, muchas luces, tal vez

7. celebraban alguna fiesta. Bailaban. Sí, seguramente bailaban, estaban

8. moviéndose allí enfrente, de un modo extraño, rítmico, inhumano.

9. Completamente fuera del tiempo, de los hombres, de la Tierra. Y aquella

10. música, entrecortada, rota, abriéndose paso entre la bruma y la oscuridad,

11. entre el hedor de los hombres, con su pus y con su cansancio; entre los orines

12. y la sangre seca. Sobre todo, aquella música, llegaba. Llegaba como brisa

13. caliente, dolorosa. Entre el ronquido del mar, en el aire parado, en el silencio

14. de todos los pensamientos. (“Es una melodía de Duke Ellington…”) El barco

15. pasó, extraño, fantasmal. Despacio parecía. Se llevó la luz, el ruido, las voces.

16. La música, partida, apedazada, quedaba colgando de las cuerdas, de los ojos,

17. como jirones brillantes, en la noche. Volvió, más espeso, más negro, el

18. silencio. Hasta lo más hondo, hasta las entrañas más embotadas, llegó un

19. sacudimiento, un relámpago apretado, un escalofrío profundo. “Nosotros,

20. nunca, nunca” – más allá de la carne, más allá de la conciencia--. “Nunca.”

21. Hasta el último, el más lejano, el más perdido de los agazapados corazones.

22. “Nunca.” (“Era una melodíaa de Duke Ellington…”)

2 comentarios:

  1. Doctora, me alegro que le hayan gustado los trozos que elegí. A mi también me fascinaron y por supuesto me encantaría hablar de ellos y compartirlos con usted y con los compañeros el lunes después de la presentación. Me gustaría también discutirlos con la clase para saber que opiniones se asemejan o no a las mias.

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